¡Eso no son mates!

¡Eso no son matemáticas!

Cuando en una reunión con mamás se comienza a hablar de cómo van los niños en el colegio (o si educan en casa, de cómo van los estudios en casa), si hay más de tres personas, existe una alta probabilidad de que alguna de ellas comente que sus hijos en matemáticas van mal.

Las personas que me conocen saben que adoro las matemáticas y cada vez que alguien dice “a mi hijo no le gustan” o “a mi hijo le van mal” o “yo odio las matemáticas” viene a ser como si alguien me dijera “odio el cine” o “odio leer”, un malestar invade mi cuerpo. Y no porque esas personas vean con disgusto las matemáticas sino porque pienso y siento que algo se hizo mal. ¡No hay otra explicación!

Más tarde, si se da la oportunidad de escarbar un poquito más, comienzan a aparecer como si de dementores se tratase (véase Harry Potter) las famosas cuentas. Que si restas llevando, que si divisiones de dos cifras, que si cálculo de raíces cuadradas y entonces pienso si no me habré trasladado al siglo pasado donde los niños tenían que aprender a realizar los cálculos a mano. Pero no, reacciono porque en ese momento veo a alguien hablando por su móvil, sí, ese móvil que tiene calculadora científica y te resuelve cualquier operación en un momento, y entonces, me doy cuenta que simplemente las matemáticas escolares no avanzan.

Es así, ahí siguen ancladas a hojas y hojas de sumas, restas, multiplicaciones, divisiones, etc. hasta aburrir al más animado. ¿Realmente alguien cree que el mero hecho de repetir produce aprendizaje? ¿De verdad son tan importantes las cuentas “a mano”? Y lo que es peor, si nuestros niños utilizan el tiempo en trabajos tan monótonos y aburridos como esos, ¡no les quedará tiempo para las matemáticas!

¡Eso no son matemáticas! Las matemáticas son, afortunadamente, mucho más (y con ello no quiero decir que no tengan que aprender a calcular).

Hacer matemáticas es observar,  ejercitar la lógica, buscar soluciones, probar estrategias, darle la vuelta a lo obvio, resolver enigmas, imaginar lo inimaginable, huir de las evidencias y mucho más, sólo necesitamos abrir la puerta a ese maravilloso mundo que son las matemáticas.