Paradigmas educativos – un análisis

Hace unos meses salió un artículo en El Confidencial escrito por José Antonio Marina que hacía un análisis muy superficial (y mezclando conceptos) del paradigma educativo de ayer y de hoy, sacando él la conclusión de que “el paradigma moderno se está resquebrajando”. Lo volví a leer estos días y lo encuentro tan lleno de errores de lógica y de inexactitudes que me gustaría explicar aquí por qué el autor y otros “expertos” como él están profundamente equivocados en sus planteamientos.

De entrada se pone a analizar el modelo de “escuela libertaria” – cuyo único ejemplo es la escuela Summerhill (¿dónde está la puesta en práctica de este paradigma “moderno” en el resto del mundo si el único ejemplo práctico es UNA escuela del Reino Unido?? Es absurdo generalizar la implantación de un modelo a partir de un único ejemplo en una escuela privada) – y mezcla churras con merinas al confundir la educación emocional – que se suele recibir en el marco familiar de mano de los propios padres/ adultos con vínculos de apego y de referencia emocional – con la instrucción/formación académica – que se suele impartir en los centros educativos y no tiene nada que ver con la primera.
Ya se sabe que los dos términos no tienen tanto que ver aunque en la vida real se suelen complementar y aunque ya hace años que se confunden.

La educación emocional, para simplificar, se dirige y, digamos, aprovecha las habilidades y reacciones emocionales controladas por el cerebro primitivo, reptiliano, que además controla el metabolismo, las emociones, el sistema hormonal, y las habilidades sociales y comportamentales.
La educación/ formación/ instrucción académica se dirige al neocortex, una estructura cerebral que controla lo cognitivo y nada tiene que ver con la estructura primitiva aunque estén una encima de la otra físicamente. El neocortex no maneja ninguno de los procesos o reacciones del cerebro reptiliano que funciona de forma independiente y no usa la parte cognitiva acumulada en el neocortex.

Mezclar en un mismo artículo la educación emocional y la instrucción académica sin hacer las distinciones pertinentes y sin analizar con fundamento cada uno de los conceptos – ya que se asimilan de forma totalmente distinta – , me parece, como mínimo, un error de lógica y una falta de conocimientos básicos de neurociencia y psicología; conocimientos que ningún verdadero experto en educación debería ignorar.
La educación emocional se recibe, como ya dije, de la mano de los adultos cuidadores con vínculos de apego a través de actitudes, gestos, reacciones emocionales, comportamientos sociales o emocionales, empatía, cariño – todos filtrados por el código moral y ético de los adultos en cuestión – lo que solemos llamar “educación en valores”. Es importante también la cantidad de tiempo en la que los niños están expuestos a los adultos cuidadores para poder asimilar estos valores. En los últimos decenios los menores pasan muy poco tiempo con sus padres y, en cambio, muchas horas en instituciones educativas.

Si bien antes los niños pasaban gran parte del día junto a sus progenitores, ahora vemos que gran mayoría de los padres están ocupados con el trabajo diario cada vez más absorbente y solicitante, por un lado; por el otro notamos una falta aguda de referentes de calidad en cuanto a la educación emocional de los hijos – valores morales, éticos y de comportamiento.
En cuanto a la educación académica resulta que nada ha cambiado, nos tropezamos con el mismo sistema educativo autoritario y directivo que nació en el siglo XIX impulsado por el modelo prusiano. Interesantemente, en la asimilación de los conocimientos académicos también influye lo emocional: primero porque las informaciones o nociones que no emocionan no se retienen; segundo porque aprender en una estructura que no respeta estos principios biológicos del aprendizaje imprime ciertos valores que tienen un impacto negativo en el desarrollo emocional de los seres humanos.

Un paréntesis que me parece adecuado para entender mejor las dos nociones.
Ronald Meighan hablaba ya desde los años 80 de la diferencia entre los dos términos, aunque haciendo hincapié en la diferencia entre la manera de aprender (lo emocional) y los contenidos (lo cognitivo) diciendo que “la manera de aprender es igual de importante que los contenidos de lo que aprendes”.
Él clasificó el sistema actual de enseñanza como “autoritario” explicándolo de la siguiente forma:

“El sistema autoritario se puede resumir por la frase “harás lo que te decimos, sino…”. El “sino” es problemático porque es el que dirige la política de enseñanza de los gobiernos sucesivos – “si no haces lo que te decimos, encontraremos algo desagradable para hacerte”. En la educación autoritaria, bajo todas sus formas, una persona o un grupo pequeño de personas toman y ponen en práctica las decisiones sobre la elección de los conocimientos, el momento del aprendizaje, la manera de aprender, cómo evaluar los conocimientos aprendidos y el entorno del aprendizaje. A menudo todo está completamente decidido incluso antes de que los estudiantes estén reclutados individualmente o antes de conocerse como grupo. Los regímenes totalitarios favorecen estos métodos únicos porque tienen como objetivo producir la mentalidad conformista.”

Pongo aquí las conclusiones de Ronald Meighan porque me parecen reveladoras:

“[….] existe una gran variedad de sistemas de aprendizaje y cada uno produce resultados diferentes. Vale la pena reflexionar sobre ¿qué tipo de personas, qué tipo de mentalidades se producen a través de “harás lo que te decimos, sino…”? Y luego, mirar ¿qué tipo de personas se producen a través de “lo hice a mi manera”? Después, ¿qué tipo de personas se producen a través de “lo hicimos a nuestra manera en cooperación”? De cada sistema resultan mentalidades distintas. ¿Qué queremos que hagan los sistemas de aprendizaje? Tengo la idea de que lo que el mundo necesita de forma más apremiante son personas que:
“No le hagan ningún daño a otros”
“No le hagan ningún daño al entorno en el que vivimos”
“No se hagan daño a sí mismos”
y luego incluso
“Hagan algo bueno para el mundo si es posible”.
Para cumplir con todo esto, necesitamos personas que sean autónomas, y con eso quiero decir personas que son investigadores capaces y confían en sí mismos y que tienen una buena competencia democrática.
Si estas son nuestras intenciones, y mi idea es que sí, tenemos que diseñar un sistema de aprendizaje que nos dé la oportunidad de cumplir con ellas. El sistema actual no cumple con estas intenciones. El sistema de aprendizaje coercitivo en masa llamado “escuela” que funciona a base de una interminable sucesión de enseñanzas impuestas, apoyadas con castigos y medidas disuasorias, no va a producir este tipo de personas que buscamos. Producirá personas que, en general, están acostumbradas a la mentalidad de acoso. Siendo ellos mismos coaccionados están preparados para coaccionar a otros si tienen la oportunidad.
[…….]
[….] la manera de aprender es igual de importante que los contenidos de lo que aprendes. Esta es una lección que no se ha examinado con atención en las reflexiones oficiales sobre educación. ¡Aprender a leer y escribir en una institución acosadora va a hacer de ti un acosador instruido! ¡Si se quieren personas instruidas y democráticas, la enseñanza debe tener lugar de otra forma! Un ejemplo de esto nos lo dio un sobreviviente de un campo de concentración que escribía: “Leer, escribir y aritmética son importantes únicamente si sirven para hacer más humanos a nuestros niños”, porque en el campo de concentración él había visto gente altamente cualificada e instruida implicada en actividades muy inhumanas. De hecho, los nazis crearon “la solución final” en un congreso donde la mitad de los participantes que trabajaron para diseñar el genocidio de grupos supuestamente amenazantes para la sociedad, tenían un doctorado. Tener un doctorado no te hace un ser humano decente; puede hacerte algo completamente diferente. Así que tenemos que tener cuidado con todo esto. La manera en la que aprendes es igual de importante, y puede ser más importante, que lo que aprendes. ”

Vista ahora la diferencia entre los dos términos, sigo con el análisis y me pregunto dónde está este nuevo paradigma tan moderno que “se está resquebrajando”. Porque en realidad no hay y no hubo nunca ningún cambio de paradigma en los últimos 200 años en cuanto a educación.

No se puede afirmar que el “paradigma moderno” de la educación ya está superado – en plan visto y no visto – si se tiene en cuenta que nunca jamás se llegó a poner en práctica … y ahora vienen sesudos y sudados “expertos” que hablan de las “grietas” de este paradigma cuando ni sabemos exactamente lo que significa el mismo, porque nuestros niños siguen educándose en el siglo XIX… es para quedarse como mínimo sorprendido.
El autor hasta hace comparaciones entre el paradigma tradicional y el “moderno”, y me parecería genial si la realidad fuera igual, si de verdad el paradigma “moderno” estaría implantando desde hace tantos años como se pretende.
Cuando ya desde los años 60 tenemos la siguiente tabla como resultado de investigaciones y grupos de estudio, tabla que deja claros los mecanismos de aprendizaje eficaces, y que no se pone en práctica de forma habitual en ningún centro educativo público NI HOY EN DÍA, no sé dónde está este “paradigma moderno” de la educación.

Tasa media de memorización
1.Enseñanza formal …………………………………………………………5%
2.Lectura…………………………………………………………………..10%
3.Audio-visual………………………………………………………………20%
4.Demostración…………………………………………………………….30%
5.Grupo de discusión …………………………………………………..50%
6.Práctica ……………………………………………………………….75%
7.Enseñar a otros ………………………………………………………….90%
8.Uso inmediato del conocimiento/ lo aprendido …………90%
(Tabla de aprendizaje de National Training Laboratories, Bethel, Maine, USA)

Sólo unas preguntas que me planteo yo, como ex alumna del sistema de educación en masa, madre educadora en casa de mis propios hijos, ex maestra de escuela alternativa durante un corto período hace poco, y ciudadana preocupada por la educación, la neurociencia y la psicología del aprendizaje en general:
Vista la tasa de memorización expuesta en la tabla, visto que los métodos directivos/impuestos de “enseñanza” que aparecen en las primeras dos filas apenas oscilan entre un 5-10% de éxito, ¿dónde aparecen los demás métodos restantes – 6, para ser precisos – en las aulas del sistema hoy en día?
Para ser clara, ¿dónde está lo audio-visual, las demostraciones, los grupos de discusión y debate, las actividades prácticas, el enseñar a otros y el uso inmediato de lo aprendido, como practicas HABITUALES en las escuelas actuales??
Todo esto brilla por su ausencia en los centros educativos – excepción haciendo algunos colegios privados a los que se les califica de “experimentales” o “alternativos” y que, por desgracia y para más inri, suelen no ser homologados en sus países. Es decir, no pertenecen al sistema “oficial”.

Se podría decir que si el sistema hubiese puesto en práctica las últimas 6 opciones de la tabla de aprendizaje de más arriba estaríamos en la situación de admitir que el paradigma educativo está en proceso de cambio hacía algo más “moderno” y que podemos empezar a recoger algunos frutos – que no sacar conclusiones – y ver algunos resultados ahora, después de décadas del comienzo de la implantación. Pero resulta que ¡¡ni siquiera ha empezado a implantarse ninguna de las 6 opciones en el sistema!!! Seguimos con el modelo de las “clases magistrales”, la imposición del currículo oficial, la ignorancia deliberada de la tecnología y de las necesidades reales de los niños.

Así que me pregunto sinceramente dónde ha visto el autor este “cambio de paradigma moderno” al que tanto analiza y descarta como “agrietado” cuando resulta que ni está implantado – exceptuando probablemente Finlandia en las últimas décadas – en algún lado del mundo como modelo oficial y de masa, ni está implementado por el propio estado a través del ministerio de educación.
Se intenta cambiar, y se llevan ya 40 años, o más, pero no se logra, porque los políticos y “expertos” de la educación no dan su brazo a torcer y porque es más cómodo hacinar y adiestrar niños en aulas durante 10 o más años – en horarios que llegan hasta a 10 horas diarias – y pretender que se “educan”, en vez de darles una educación de verdad.

El resultado está a la vista. Y no es por el paradigma moderno. Es porque, bajo la fachada de “moderno”, se sigue el mismo modelo del siglo XIX. Todo es fachada, teoría, papel mojado. En la práctica no hay nada moderno en las aulas exceptuando algunos elementos de tecnología de último grito aunque ni estos están presentes en todos los centros educativo, ni se les saca el provecho adecuado, ni se usan de formas innovadoras allí donde los haya (me refiero a ordenadores, pizarras interactivas y tabletas – sí, son interactivas, pero se usan como o en lugar de libros de texto o pizarras clásicas, no se aprovechan en todo su potencial real).
Según el autor del artículo, esto es lo que hacen ahora los niños en el “paradigma moderno”. La verdad es que me gustaría que me nombraran las escuelas públicas – o privadas, ya puestos – que siguen el curriculum impuesto del MEC, y que también siguen los preceptos citados más abajo en la categoría “PARADIGMA MODERNO” que enumera Marina.
Copio y pego la parte en la que se hace la comparación:

“Estas son las características enfrentadas de ambos paradigmas, el tradicional y el nuevo moderno:

PARADIGMA TRADICIONAL

Centrado en el enseñar
Educación pasiva y memorística
Educación centrada en el maestro
Educación directiva
Educación centrada en el conocimiento
Favorece la docilidad y la norma
Aprendizaje individual
Relación con el saber
Relación de sumisión entre discípulo y maestro
Enfatiza los contenidos
Motivación extrínseca
Énfasis en el deber

PARADIGMA MODERNO
Centrado en el aprender
Educación activa, constructiva
Educación centrada en el alumno
Educación no directiva
Educación centrada en la persona
Favorece la autonomía y la creatividad
Aprendizaje cooperativo
Relación con la vida
Relación de afecto y camaradería
Enfatiza los procesos
Motivación intrínseca
Énfasis en el deseo”

Si me pongo a analizar y a comprobar qué se pone en práctica en masa en el sistema público o privado de todo lo que aparece en la segunda columna me encuentro que prácticamente nada.
Veamos:

1. Centrado en el aprender. Según he podido ver en las escuelas y escuchar a los padres o profes, los colegios siguen centrando la dinámica en la enseñanza, no en el aprendizaje. Ningún niño puede explorar por su cuenta para aprender a su manera lo que necesita o lo que le parece interesante. Volveré a ello más abajo porque en casi todos los puntos tropezamos con el mismo problema, la falta de libertad y autonomía para poner en práctica no ya varios, sino aunque sea UNO de los preceptos enumerados en la segunda columna.

2. La educación que reciben es más bien un adiestramiento. No es activa, ni es constructiva. Sigue igual de pasiva – alguien enseña o habla, los alumnos apuntan o escuchan – y de memoria – al final del módulo, trimestre o curso hay examen o test de control.

3. La educación sigue centrada en el maestro. El adulto es importante, los niños dan igual. Si uno quiere aprender otra cosa porque no le interesa lo que el maestro enseña, o quiere aprender de otra forma, se tiene que aguantar. El maestro tiene que cubrir el curriculum en x tiempo y además – si es uno de estos menos empáticos – hasta le coge manía al niño que quiere ir por libre. Si empatiza, les da tiempo libre a los niños alguna vez (lo poco que permite la inflexible estructura oficial).

4. La educación sigue siendo directiva. Mientras exista un currículo y un período en el cual hay que asimilar dicho currículo – ambos IMPUESTOS – la educación ES DIRECTIVA.

5. La educación sigue centrada en los conocimientos. Se dan exámenes y se valora la capacidad de memorización mecánica de las informaciones. No se valoran habilidades, no se valora el pensamiento crítico y diferente. Se impone el pensamiento único.

6. Tampoco favorece la autonomía y la creatividad, por los motivos expuestos arriba. La autonomía y la creatividad suponen libertad de exploración, de experimentar, y de tener tiempo suficiente para hacer la conexiones pertinentes para entender/aprender ciertas nociones; suponen margen para probar nuevos caminos, inventar, poner preguntas nuevas, recibir explicaciones específicas, encontrar respuestas por cuenta propia si se da el caso… Desde luego la docilidad y la norma siguen vigentes en nuestro sistema actual, seguimos premiando a los dóciles, a los obedientes, seguimos sin entender los pensamientos divergentes – y los niños son EXPERTOS en pensamiento divergente desde que empiezan a usar su razón siendo bebés – y seguimos castigando a los que se salen de la norma. La presión coetánea es máxima, los niños están adiestrados para no entender y no aceptar lo diferente, en cuanto un compañero se sale de la norma (sea en comportamiento, vestimenta, alimentación, emocional o mentalmente) es objeto de burla, acoso o, en el mejor de los casos, de indiferencia o exclusión social.

7. El aprendizaje cooperativo brilla por su ausencia. ¿Cómo se puede cooperar si luego los exámenes son individuales y se les dan notas según el nivel de memorización – individual – de cada alumno? En la escuela no se suele trabajar por equipos, exceptuando en algunas clases de deporte o algunos proyectos – los pocos que proponen algunos maestros valientes en algunos centros educativos. Incluso el diseño físico de los centros escolares y de los muebles incita a lo individual, cada uno en su mesa con su silla. Seguimos diseñando escuelas según el modelo del siglo XIX y muy pocos países – entre los cuales destaca Finlandia – están planteando nuevos diseños arquitecturales, estéticos y funcionales específicos para escuelas planteadas desde el punto de vista comunitario y cooperativo.

8. La relación con la vida es nula en las aulas. De nuevo, vuelvo al diseño de los centros. Las escuelas viven de espalda a la vida y a la comunidad, los niños están encerrados durante horas apartados de la vida exterior viviendo en una especie de burbuja-laboratorio-campana de cristal que les impide el contacto con la realidad. No hay apenas relaciones con la vida diaria del resto de los adultos. En realidad el horario escolar sumado con las horas a mayores dedicadas a los “deberes” en casa hace imposible casi – por falta de tiempo y oportunidades físicas – de venir en contacto con la vida real. Para mí es un milagro si los niños llegan a socializar con la propia familia, con la naturaleza, con los vecinos o el resto de los componentes de la pequeña comunidad/ vecindad en la que vivimos cada uno de nosotros. No hay tiempo. Se sigue premiando “el saber” – léase “memorización de informaciones y conocimientos” muchas veces inútiles o poco relevantes. Las mejores notas se las llevan los que saben cuántos ríos hay en Europa/ fechas históricas/ fórmulas matemáticas o físicas o químicas/ cuántas categorías de insectos hay en el mundo/ y cosas por el estilo. Nadie premia a los niños que saben cocinar, organizar su propio tiempo, tengan pensamientos críticos y divergentes y pongan en cuestión tradiciones o conocimientos obsoletos y faltos de sentido práctico hoy en día, que sepan explorar y sacar sus propias conclusiones (sean equivocadas o no), que sepan equivocarse y sacar un aprendizaje de ello – es al revés, el error se castiga de un modo u otro durante todos los años de escolarización.

9. Es ya ridículo hablar de relaciones de afecto y camaradería en el modelo “moderno” cuando hoy en día, más que nunca, hay cada vez más casos de acoso escolar y violencia en las aulas. No sé si vale la pena ponerme a explicar más, simplemente buscando en los periódicos o en Internet nos encontramos con casos diarios de agresiones escolares. A las pruebas me remito.

10. Se siguen enfatizando los contenidos, no los procesos. El proceso de aprendizaje es más complejo y orgánico de lo que se cree. Hay ciertas habilidades o nociones que necesitan su tiempo para que se integren y asimilen, según cada individuo y sus propio talentos. En cada uno es diferente, corre a otro ritmo y tiene lugar de otra manera. Imponiendo un curriculum en un período finito de tiempo para TODOS los alumnos sólo demuestra la falta patente de respeto hacia el proceso individual. De nuevo, sólo importan los contenidos (mal)asimilados en x semanas/meses de curso. Los procesos vitales y cerebrales son ignorados por completo; a los que asimilan de forma más lenta se les castiga con malas notas y se les etiqueta de “fracasados escolares”.

11. La motivación es exterior. A nadie le importa si un niño desea aprender y profundizar cierto tema/ asignatura; se pasa a lo que “toca” en el currículo. Y da igual que a otro niño no le interesan nociones teóricas de matemática o física (entre otras cosas por el planteamiento ya erróneo de la didáctica de dichas asignaturas y por la falta patente de las conexiones con la vida real), la motivación se relaciona sólo con “los exámenes/ las notas/media final para la selectividad, no con los intereses personales intrínsecos de cada niño.

12. El énfasis se sigue poniendo en el deber. Para ser más claros, hasta la ley específica que es “deber/ obligación del alumno cumplir con su educación” como si los niños – y seres humanos, en general – no nacieran ya con un mecanismo natural para aprender del que disponemos, de hecho, todos los mamíferos de este planeta. En realidad los deseos – y, ya puestos, los DERECHOS – de los niños para aprender lo que les interesa o necesitan específicamente están pisoteados continuamente desde que empiezan a manifestarlos. Por supuesto que hay algunas excepciones, pero la norma es imponer conocimientos, ritmos de aprendizaje, maneras de memorización (disfrazadas de “técnicas de aprendizaje/estudio”), adiestramientos obvios para “exámenes”,

Así que me pregunto de nuevo ¿dónde esta este “nuevo paradigma”? ¿Y cómo se pueden señalar los supuestos defectos de un sistema nunca implementado? ¿Por qué no se analiza en profundidad y con seriedad la falta de cambios positivos y serios que padece el sistema educativo actual? ¿Cuándo seremos lo suficiente responsables para evaluar con objetividad nuestras escuelas obsoletas y tomaremos la iniciativa de pedir los cambios pertinentes para mejorarlas de verdad?

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Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

El pensamiento crítico y creatividad

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A raíz de leer un artículo sobre educación y debatir luego con amigos míos maestros sobre su contenido me surgen unas ideas que sé que pueden parecer polémicas, pero reflejan la realidad.
Muchos profesores me comentan que no saben cómo “fomentar” la creatividad o el pensamiento crítico de sus alumnos. Además nos encontramos con que la mayoría de las leyes educativas de Europa tienen como objetivo “fomentar” el pensamiento crítico, así que está claro que el tema es de interés general.
A mis amigos maestros y a los otros profesores o padres les sigo diciendo que más que “fomentar” pensamiento crítico y creatividad, lo importante es no desperdiciar o bloquear las capacidades ENORMES de pensamiento crítico y creativo que tienen los niños desde que nacen.
Nacemos con todo esto, no hace falta “fomentarlo”, hace falta no aniquilarlo, no anularlo.
En el artículo una especialista afirma que “la clave de la enseñanza sigue siendo el desarrollo del pensamiento crítico y esa es la labor esencial del profesor. El conocimiento es ahora accesible a todos en la red, pero el trabajo del docente es fomentar que el alumno piense por sí mismo y se haga preguntas”, y estoy de acuerdo con la propuesta, ¿pero cuáles son las medidas concretas que se toman para llegar a este objetivo?
Ninguna, ese es el tema. Tenemos un sistema que destroza por completo el don natural que tenemos de observar las cosas con pensamiento crítico, de poner y hacernos preguntas, de poner bajo sospecha cualquier “verdad” hasta que no la comprobemos por nosotros mismos, este mecanismo sano de verificar continuamente la realidad que nos rodea. No juzgar, sino simplemente mirar desde otros puntos de vista. 
Precisamente me llama poderosamente la atención que en las escuelas no hay espacio y tiempo para que los alumnos se hagan preguntas o disientan de las ideas imperantes; suele ser al revés, ellos tienen que responder de una forma específica (que no sincera) a preguntas formuladas por el profesor de turno igualmente específicas.
Es imposible desarrollar pensamiento crítico y creativo en un sistema masificado, con espacios casi carcelarios, en donde un alumno es uno más en medio de otros 20 o 30, donde se le imponen los contenidos y las maneras de “aprender” – léase imposición de “cómo pensar”.
Para ser crítico y creativo necesitas tu espacio, tu tiempo, tus interacciones diarias con adultos inteligentes, respetuosos y cariñosos, que te escuchen, que te expliquen, que te dejen explicar, reflexionar, que te permitan ¡cuestionar o hasta negar el status quo!
No puedes desarrollar todo esto sin un ejercicio diario de interacción, reflexión personal, descanso, juego, errores y tranquilidad. Es como entrenarte para la lucha. Si no tienes unos buenos entrenadores y también unos buenos adversarios, es imposible llegar a tener un buen nivel.
Un buen debate tiene lugar entre personas inteligentes, que sepan usar la lógica, los argumentos, que han debatido miles de veces en su vida con amigos, profesores, familiares, desconocidos. Que han sabido cuestionar las ideas imperantes y las han descartado por obsoletas. Que han venido con nuevas ideas, nuevas soluciones, más acordes con la época en la que vivimos. Que saben ser objetivos.
Esta actitud no se obtiene como por arte de magia al terminar el instituto o la facultad. Esta actitud se entrena día a día desde que naces, con tus padres, con tus hermanos, con tus amigos, con familiares, con profesores. Día a día.
¿Dónde y cuándo tiene esto lugar en las escuelas?? Me gustaría saberlo, porque yo no lo veo.
Cada dos por tres se menciona en los medios de comunicación el caso de Finlandia. No he estado allí, no sé cuál es la realidad exacta, el día a día de su sistema educativo, pero por lo que leo en la literatura de especialidad o lo que veo en los documentales, en Finlandia se dan varios factores que se podrían implementar fácilmente en cualquier otro país y que hacen que su éxito sea constante:
  1.  los alumnos por aula son pocos y tienen mucha libertad de estudio y de movimiento físico
  2.  los maestros y profesores son personas con vocación y ética, aparte de la sabiduría y la preparación de su especialidad
  3.  los recursos son muchos y muy variados
  4.  el espacio educativo es asistivo y parecido al de la vida diaria de cualquier persona con zonas de trabajo y zonas de descanso o de ocio, y está abierto a la vida en y de la comunidad
  5.  no hay deberes
  6.  no hay exámenes
  7.  se fomenta el trabajo/estudio por proyectos o individual
  8.  se permite la disidencia y no se imponen pensamientos únicos
  9.  se permite el autoaprendizaje o el aprendizaje dirigido por el propio niño
  10.  se va innovando constantemente para mejorar la estructura educativa
En el mismo artículo la autora se extraña que el modelo finlandés, a pesar de ser un referente mundial según el informe PISA, no deja de innovar. Claro que no. La afirmación es un tanto naïf ya que precisamente por este motivo tienen los finlandeses tan buenos resultados en PISA, por innovar continuamente y no dormirse en los laureles; para ser un referente mundial en algo, lo que sea, debes estar siempre al día, no parar, innovar, cambiar de táctica o de estructura si es necesario, ver qué funciona y qué no, admitir la responsabilidad propia para bien y para mal, analizar a fondo y con objetividad y cambiar aquello que ya no sirve.
No puedes ser número uno si no mantienes el interés para mejorar en todo momento y si no eres consciente de tu responsabilidad en el proceso.
Si queremos una educación de calidad tenemos que estar más abiertos a ideas diferentes, observar siempre la funcionalidad de algunos conceptos, estar preparados para cambiar estructuras que no rinden, y, sobre todo, tener siempre presentes los intereses de los niños, no los nuestros.
Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

Historia

Prehistoria

Los cuarentones y cincuentones recordaremos dos elementos interesantes de nuestra infancia: los Playmobil, que antes se llamaban Clicks de Playmobil, y una serie de televisión que nos enganchaba cada fin de semana que se llamaba Érase una vez el hombre.

La manera más acertada que he encontrado de trabajar la historia con niños y adolescentes ha sido utilizando estas dos herramientas de manera simultánea.

En muchas bibliotecas municipales podéis encontrar la colección de libros y DVDs de la serie. Yo suelo aprovechar para buscar, además, otras publicaciones que tengan que ver con la era que estemos estudiando y, junto al tomo que corresponda de Érase una vez el hombre y su DVD, nos llevamos dos o tres libros más que nos amplíen la información que quiero trabajar.

En primer lugar, revisamos y leemos los textos, vemos el capítulo e incluso buscamos algún documental relacionado y más adaptado a la edad con la que estamos trabajando. Aunque parezca cosa de niños, a los adolescentes también les gusta visualizarlo. Se suelen reír mucho con la torpeza de los malos, jejejejejejeje…

Después solemos hacer un trabajo con todos los datos para esquematizar los conocimientos y tener un guión para ponernos manos a la obra con lo que más les gusta: jugar con los Playmobil.

Podemos encontrar muñecos y complementos, prácticamente, de cualquier época de la historia y de la prehistoria. Hay coleccionistas que poseen verdaderos tesoros, pero para nuestro fin no es necesario hacer tal inversión.

Al haber estudiado a fondo las características de ese periodo histórico tenemos datos suficientes para poder imaginar cómo sería la arquitectura, la vestimenta, las costumbres, los alimentos que predominaban… hasta la altura media de las personas que vivían en esa época, si es que ya existían los seres humanos como tales.

Así que, con toda esa información, unos cuantos muñecos sencillos y algo de material común (cartulinas, recortes de tela, aguja, hilo, pegamento, pinturas acrílicas, plumas, palitos, tierra y poco más) seremos capaces de reproducir, con algo de imaginación y una mínima destreza, todo lo que nos propongamos.

En la imagen que acompaña este artículo, como habréis observado, intentamos reproducir dos personajes prehistóricos. Para ello utilizamos dos muñecos, un chico y una chica, sencillos y, con un trocito de tela que imita a piel animal, le confeccionó un peque sus trajes.

Todo lo que aprendamos de este modo es casi imposible que lo olvidemos. Lo que sí es posible que no recordemos después de un tiempo serán fechas, duración de los diferentes periodos prehistóricos o alguna cosa más.

Para ello, trabajamos, paralelamente otros sistemas de recopilación y exposición de datos que ya os contaré.

En cualquier caso, todo lo que no recordemos estará en internet y podremos consultarlo cuantas veces necesitemos.

El círculo de Lola

Playmobil sí o no.

Playmobil

No creáis que nos llevamos ningún tipo de comisión con esta recomendación. La hacemos porque estamos convencidos de ello y porque estamos viendo el resultado.

La cantidad de muñecos y accesorios que tienen los famosos Playmobil nos están permitiendo aprender todo tipo de materias. Desde muy pequeños, con el conteo de animales, por ejemplo, la clasificación de especies, los tipos de vegetación, los oficios, etc. hasta representaciones históricas, el desarrollo de historias inventadas con algunas piezas, etc…

Hoy solo quiero adelantaros que publicaremos aquí, en La Pedagogía Blanca, artículos contándoos algunas de las aplicaciones que tienen estos pequeños personajes. No solo para nuestras propias clases o trabajo en casa con los niños, sino también como elementos de trabajo en pedagogía, coaching comunicativo y otros fines como diagnóstico de ciertos trastornos de salud.

Nos gustaría saber si es un tema de vuestro interés para seguir avanzando o, por el contrario, no lo es y centrarnos en otra temática. Gracias por vuestros comentarios.

El círculo de Lola

Sí, tengo Altas Capacidades. ¿Y?

Bisutería

Conozco padres de niños y niñas de Altas Capacidades que están convencidos de que, por tener esa capacidad, sus hijos deben ser brillantes en todo lo que toquen.

En lugar de escucharles, comprenderles, estimularles, acompañarles y apoyarles, les exigen tanto que les llevan a un extremo de aborrecimiento y enfado.

Estos niños y niñas también cometen fallos, también son menos hábiles en algunas disciplinas y no tienen una varita mágica para dominar todas las facetas de la vida.

Uno es un matemático extraordinario. No hay nada que tenga que ver con cálculos que le limite. Le apasiona. Pero es un despiste con piernas. No sabe atarse los cordones de los zapatos a su avanzada edad (quizás porque tampoco se han esmerado en enseñarle…), siempre se olvida algo en clase, nunca sabe dónde ha puesto el estuche…

Solo le interesa jugar, leer cuentos y cómics, las matemáticas, hacer manualidades. Su padre le ha regalado un libro sobre bioquímica y otro sobre astronomía que está empeñado en que se lea aunque no sepa casi ni pronunciarlo.

Él odia esos libros, que le obligue a leerlos porque no entiende nada y, sobre todo, odia a su padre. No creo que esté consiguiendo su objetivo, sino empeorando la relación con su hijo y, encima, haciéndole aborrecer algo que, quizás en un tiempo, simplemente “encontrándose esos libros por casualidad” encima de una mesa, le hubiesen llamado la atención.

¿Cuánta presión debemos ejercer con un hijo de AA CC? ¿Debemos ejercerla realmente? ¿Buscamos resolver nuestra frustración personal, nuestra vanidad o nuestro prestigio social aprovechando su talento?

Las AA CC no dependen de la exigencia e insistencia de los padres. Depende de su naturaleza. Está en nuestras manos el apoyarles lo necesario para que alcancen su pleno desarrollo, disfrutando con lo que hagan, midiendo su evolución conscientemente, estimularles proporcionándoles sus centros de interés, haciendo que sean felices, ponerles límites coherentes y gestionar con naturalidad sus fracasos.

No es lo mismo estimular que presionar. Darle más importancia al fracaso de la que realmente tiene puede conllevar a un adolescente, por ejemplo, a probar cosas nada saludables para él por el simple hecho de revelarse contra la presión de sus padres, familiares, profesores o compañeros.

Todos los niños de AA CC necesitan un entorno estimulante, probar cosas, sentir que están acompañados y son queridos, que pueden progresar en sus intereses.

Tenemos que encontrar el punto de equilibrio de la balanza. Tenemos que exigirles y tenemos que comprenderles por igual.

El círculo de Lola

Dejarles decidir es importante.

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Hay niños a los que se etiqueta de “catacaldos” porque prueban muchas cosas y, a veces, no se quedan con ninguna.

Hay padres que se enfadan con sus hijos porque se apuntan a tal o cual actividad y, al poco tiempo, la dejan porque no les termina de gustar, porque no se sienten cómodos con el/la profesor/a, porque descubren que no se les da bien o cualquier otra razón.

He conocido muchos niños que a principio de curso comenzaron a ir a clases de kárate, por poner un ejemplo, bien porque querían probar , bien porque se han apuntado sus mejores amigos. A los dos meses de asistir a las clases descubren que no les interesa el kárate, no les gusta cómo imparte la clase el monitor o se ha enterado de que hay un taller de cómic y prefiere invertir su tiempo en ello.

Pero no. Como decidió apuntarse a esa modalidad deportiva, sus padres le convencen de que si toman una decisión la tienen que llevar hasta el final. Que así se harán más responsables de las decisiones que tomen. Que tienen que atenerse a las consecuencias de lo que hagan.

Cometemos un gran error. Sobre todo si no ha sido pactado de antemano. Es decir, si en principio proponemos un mínimo de asistencia para que el niño o la niña comprueben que, habiéndose apuntado a una actividad, realmente no le gusta, bueno. Pero si comienzan, y no les gusta, no deberíamos obligarles a continuar.

En primer lugar, y si nos ponemos en su pellejo, ¿a quién le apetece hacer algo que no le gusta? Todos tendemos a evitarlo. Me rechinan los comentarios tipo: “ya, pero tiene que ir asumiendo responsabilidades para cuando sea mayor, porque tendrá que trabajar en cosas que no les gusten”.

Bueno, esa es una teoría. Yo tengo otra pero no viene al caso. Otro día escribiré sobre ello.

Y en segundo lugar, el tiempo que van a desperdiciar continuando con algo que no les apetece dejan de tenerlo disponible para otras cosas que les pueden apasionar y descubrir caminos más interesantes para su futuro.

No incluyo en este listado las que son necesarias para su desarrollo, su descanso y todo lo que tenga que ver con su higiene y salud. Me refiero a todas esas actividades añadidas, que a veces tienen que desarrollar para conciliar nuestras jornadas laborales o nuestros tiempos de ocio personales.

Es muy peligroso inculcar a los niños que cuando toman una decisión la tienen que mantener hasta el final. Ese es un aprendizaje nefasto. Un adulto con esa mentalidad está perdido. Precisamente, el saber evaluar una situación o una decisión y cambiar de rumbo o de solución si algo no funciona, es fundamental.

Los niños y las niñas tienen que tener voz y voto en lo que hacen. Ser responsables en la toma de decisiones pero teniendo todos los datos de antemano y los acuerdos o normas consensuadas. No podemos obligarles a que realicen actividades porque, desde nuestro punto de vista, son “interesantes” o nos hubiese gustado hacerlo a nosotros y no pudimos.

Conozco muchas niñas que van obligadas a ballet, gimnasia rítmica o a clases de piano porque es muy femenino y a niños que van a fútbol o a kárate porque es muy masculino.

Todos estos niños me dan mucha pena. Sobre todo porque conozco algunos que tienen talentos increíbles para otras actividades como son la cocina, el dibujo, la fotografía, la ciencia, el teatro o la mímica y no pueden desarrollarlas.

Hoy en día, con la cantidad de formación online que existe y talleres presenciales diferentes, no hay excusa para que nuestros hijos o alumnos se estanquen en ocio predeterminado.

La importancia de conocer un gran abanico de posibilidades y de probar unas y otras para, con la experiencia, valorar qué nos gusta, qué no, qué nos aporta, qué no, qué podemos implementar en nuestra vida para conseguir otros objetivos y qué no es muy importante.

Démosles la posibilidad de decidir, de equivocarse, de descubrir… Si somos sensatos, les permitiremos hacerlo y descubriremos cuánto aprenden, como así ha sido en la historia de los humanos, con el ensayo-error.

El círculo de Lola.

Queridos profesores: ¿Entendéis la diferencia entre Esfuerzo y sufrimiento?

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Queridos profesores,

¿Entendéis la diferencia entre esfuerzo y sufrimiento?
Es una pregunta retórica, ya sé que la gran mayoría la tenéis clara y deseáis que vuestros alumnos se esfuercen para dar lo mejor de sí mismos y para desarrollar sus capacidades y talentos, pero cómo por desgracia algunos (remarco lo de algunos) se creen que “la letra con sangre entra” y que si no sufres y lo pasas mal es que no te esfuerzas he creído oportuno hacer la pregunta.

La verdad es que para no herir susceptibilidades debería empezar estas cartas con un “queridos profesores rancios” así sería más fácil que quienes no sois rancios no
os deis por aludidos, pero a saber, lo mismo es hasta peor y seríais capaces de creer que es que llamo rancios a todos. Yo a estas alturas de la película ya me espero cualquier cosa. De hecho algunos no sé como pueden enseñar algo a alguien a tenor de su estrechez mental y su falta de comprensión lectora y de la vida en general, pero como sigo confiando en que la mayoría sois personas estupendas y sensibles, aquí sigo, sin tirar la toalla, confiando en conectar con algunos de vosotros. De hecho me consta que muchos conectáis con lo que digo. Y sinceramente, el machaque que me hacen en redes los que no, me ayudan a tener claro la falta que hace que sigamos diciendo lo que pensamos aquellos que deseamos ver un cambio real en el sistema educativo. Cuantos más participemos en el diálogo social sobre qué educación deseamos: mejor. A ver si se acaba ya el monopolio rancio del sistema de la mano de unos cuantos, por desgracia los más carcas.

Bueno, voy al lío, que me pierdo.

Según el diccionario de la RAE estas son las definiciones para esfuerzo y para sufrimiento:

Esfuerzo:

De esforzar.

  1. m. Empleo enérgico de la fuerza física contra algún impulso o resistencia.
  1. m. Empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para co
    nseguir algo venciendo dificultades.
  1. m. Ánimo, vigor, brío, valor.
  1. m. Empleo de elementos costosos en la consecución de algún fin.
  1. m. desus. auxilio (‖ ayuda, socorro).

Sufrimiento:

  1. m. Padecimiento, dolor, pena.
  2. m. Paciencia, conformidad, tolerancia con que se sufre algo.

A tenor de las definiciones que da la Academia de la Lengua es más que evidente que son dos conceptos que no necesariamente deben ir juntos.

Y ahora es cuando viene la sorpresa para algunos:

Puedes esforzarte mucho, dar lo mejor de ti, y hacerlo disfrutando, motivado, con ganas.

¿Qué? ¿Se ha desmayado alguno en la sala?

Así que no entiendo esa cultura del esfuerzo sufriente.

¿Cómo creéis que se sacan mejores resultados? ¿Sufriendo, maldiciendo eso que te obligan a hacer y deseando que pase el tiempo y el “trámite” obligado para poder empezar a hacer las cosas que te encantan? ¿Ó quizás disfrutando por que estás motivado, queriendo hacer más y aunque requiere mucho esfuerzo estás deseando sacar adelante ese objetivo? ¿Esfuerzo por obligación o con propósito?
Os aseguro que sé muy bien lo que es el esfuerzo, no solo durante mi larga etapa como estudiante, si no también como trabajadora. Soy autónoma, ahí queda dicho todo, no hay autónomo que no tenga que esforzarse muy duramente a diario para salir adelante, y os aseguro que lo hago motivada y con ganas, deseando sacar adelante mi proyecto cada día. Trabajando mucho, pero sin sufrir. ¿Acaso por eso trabajo menos? No, sencillamente disfruto más.

Y he podido ver lo que es el esfuerzo con propósito en muchos niños y jóvenes, muchos chicos que se esfuerzan por sus objetivos y sus sueños, que dan lo mejor de sí en los deportes, en la música, en escuelas y campeonatos de ajedrez, en mil cosas… Por que la mayoría cuando pueden dar lo mejor de sí sin tener que pasarlo mal forzosamente es en aquello que les encanta, y sí, seguro que hay días que lo pasan hasta mal, pero es algo puntual, no el leitmotiv diario como algunos pretenden que sea la vida académica de los chavales en el instituto.

Chicos que ensayan horas y horas su instrumento para poder acceder a centros de formación superior en los que hay pocas plazas, y necesitan trabajar muy duro para ello, chavales que entrenan horas y horas para dar lo mejor de sí mismos en torneos de tenis, campeonatos de atletismo, concursos de poesía… Pero lo hacen desde la motivación, no desde el asqueamiento, la obligación externa y el castigo. Esa es la diferencia fundamental.

La mayoría de gente que tiene éxito en su vida laboral trabaja mucho, se esfuerza muchísimo, pero no desde el sufrimiento y la apatía, si no desde las ganas, los objetivos personales, el establecimiento de sus propias metas y la motivación interna. Quizás eso es algo que podríamos trabajar más desde los institutos de forma que los chavales sí, se esfuercen, pero por ellos, por sus objetivos y metas, y no por que es obligatorio, y hay que sufrir. Nadie merece sufrir, menos adolescentes que están descubriendo su camino y opciones en la vida. La adolescencia es una etapa de revelaciones, hallazgos y oportunidades, hagamos que sea fructífera y valiosa, nuestros adolescentes lo merecen.

Azucena Caballero