Las emociones de los niños con altas capacidades

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Un niño de Altas Capacidades no solo tiene características intelectuales reseñables. Muchos niños con Altas Capacidades muestran mayor sensibilidad y reactividad, o sobreexcitación emocional.

Posiblemente podáis reconocerlas en vuestros hijos o recordarlas de vuestra infancia si estáis en este caso.  Esto puede suponer dificultades en su relación con sus padres, sus maestros, otros niños, pero sobre todo puede suponer que ellos mismos sufran por esa intensidad emocional que los abruma.

Para comprenderlos mejor tenemos que aceptar este hecho como normal, abrazar su emocionalidad sin juicios y, consecuentemente, empatizar con ellos.

Os propongo que tratéis de imaginar como os sentiríais si, ante acontecimientos o situaciones comunes y aparentemente sin demasiada trascendencia, que los demás no experimenten igual, vosotros os vierais invadidos por reacciones muy intensas que desencadenan recuerdos o asociaciones de enorme alcance. Esto implica que en situaciones rutinarias las emociones alcanzasen enorme fuerza y os llegaran a afectar físicamente, produciendo hasta palpitaciones o dolores de cabeza o de estómago. Y que nadie lo entendiera.

Nos encontramos con niños intensamente impactados por el sufrimiento de otros seres humanos o de los animales, la empatía es tan grande que la compasión y el dolor ajeno les puede llegar paralizar, no dejándoles disfrutar de actividades cotidianas pues están preocupados por las injusticias o por problemas existenciales acerca del sentido de la vida, la muerte o las desigualdades. Esto puede llegar a que sientan tristeza enorme y ansiedad existencial por estos problemas y a hablar de ellos con una precocidad que su entorno no comprende.

También vas a buscar solo relaciones y amistades con las que se sientan cómodos, respetados y libres, sintiéndose muy mal ante el rechazo, las burlas o los juegos algo agresivos de otros niños, no deseando relacionarse con ellos. Si se ven forzados pueden encerrarse en si mismos y desarrollar sentimientos de inadecuación y falta de autoestima.

Los demás los califican de exagerados, sombríos, tímidos, timoratos o, incluso, rechazarlos aún más por verlos como elitistas y despectivos, cuando solo necesitan comprensión y respeto por sus características. Al final no desean compartir sus inquietudes, intereses y pasiones, pues todo lo que reciben es que los demás se apartan de ellos y se burlan. Algunos se encerrarán, otros decidirán negar lo que sienten y tratarán, por todos los medios, de ser aceptados.

Y, ¿podemos ayudarles a manejar esa excitabilidad emocional y sentirse más felices?

Lo primero sería nunca burlarnos de sus emociones y pensamientos, al menos no hacerlo sus padres y educadores, para que el niño no sienta vergüenza de expresarse tal y como es. Si cada vez que comparte una preocupación existencial o emocional le decimos que eso es un disparate o una tontería, que debería dejar de pensar y sentir lo que siente y piensa, le transmitimos que es inadecuado, hasta puede pensar que es tonto, y, sobre todo, perderá confianza en él mismo y en nosotros.

Nombrar sus emociones e identificarlas va más allá, les daremos herramientas para que puedan expresarlas verbalmente de manera que no ataquen a otros o que puedan canalizarlas sin negarlas con técnicas de relajación, atención y respiración profunda. Además, necesitan aprender a explicar sus puntos de vista sin menospreciar a los demás, algo que pueden hacer cuando piensan que su interlocutor es poco inteligente.

 

Ayudarles a identificar sus emociones y a comprender a qué situaciones están conectadas les ayuda mucho, ya que la comprensión intelectual es para ellos un recurso al que agarrarse y con el que manejar mucho mejor esas emociones tan intensas.

Ser una persona muy sensible o con emociones muy intensas es algo que podemos enseñarles que es un precioso don, que los amamos y aceptamos como son y que estamos dispuestos a acompañarlos y confortarlos cuando lo necesitan.

Mireia Long

 

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Los errores más frecuentes sobre los niños de altas capacidades

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¿Existen las altas capacidades?

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Los seres humanos somos diversos. Una de las grandes maravillas de nuestra especie y un objetivo de cualquier sociedad avanzada es abrazar esa diversidad y potencias los talentos de cada persona para que den la mejor versión de sí mismos, sean felices, se realicen y aporten al conjunto de la sociedad todo lo bueno que puedan dar.

Todos los seres humanos somos inteligentes, cada uno tiene además talentos y capacidades que lo hacen único. Y, dentro de la diversidad humana, hay personas con una inteligencia especialmente alta, superior a la media, que se valora objetivamente a través de pruebas estandarizadas que incluyen su cociente intelectual (CI) y otros aspectos como la creatividad o los talentos en áreas específicas. La Organización Mundial de la Salud considera aplicable el término a una persona que cuenta con un coeficiente intelectual superior a 130. Se estima que un 2% de las personas reúnen los requisitos para ser considerados como superdotados. Existen hoy otros criterios más complejos, especialmente reseñables los de Renzulli.

Las personas de Altas Capacidades no es solo que puntúen en test estandarizados con resultados superiores a ese 130. Hoy se está trabajando en estudios científicos que apuntan a una organización cerebral con mayor desarrollo de áreas de la corteza que les permiten tener mejor memoria, capacidad de síntesis, pensamiento divergente, capacidad de análisis y creatividad, siempre, claro está, que su entorno sea el adecuado.

Negar que existen personas con estas características es, simplemente, idiota. ¿Son mejores los superdotados? Pensar eso sería otra idiotez. Tener un cerebro rápido, curioso, flexible y brillante es solo una característica más. Puede ayudarnos a contribuir notablemente al desarrollo y el progreso, de hecho, los grandes pensadores e innovadores del pasado hoy serían, posiblemente, reconocidos como superdotados. Pero, realmente, ser superdotado no te va a hacer mejor persona, ni más capaz de lograr el éxito (sea lo que sea eso), ni más feliz, como tampoco te lo va a dar ser más alto, más rápido o tener una salud de hierro.

Sin embargo existe, al menos en España y en algunos casos, cierto rechazo al superdotado (niño o adulto), como si debiera esconder su talento o su capacidad. Nadie acusaría a un genio deportivo de ser presuntuoso por mencionar o mostrar su talento, o explicar que ha conseguido una medalla olímpica o un record gracias a su capacidad y su esfuerzo. Con el cerebro pasa otra cosa. Somos un país paleto, que rechaza la cultura, se harta de ver telebasura, desprecia a los mejores cerebros que han de marcharse fuera y machaca a cualquiera que se salga de la norma.  Y que exige que, si no eres catedrático cuando menos, escondas como si de un secreto sucio se tratara que eres una persona de altas capacidades intelectuales.

Las niñas y las mujeres son, por supuesto, especialmente enculturadas en el mandato de no destacar. Tanto es así, que, incluso con el panorama vergonzoso de la detección de niños de altas capacidades por el sistema escolar (muchos, la inmensa mayoría, son ignorados), en el caso de las niñas las cifras son llamativamente inferiores, pues el mensaje que reciben es que si dicen o muestran que son inteligentes serán despreciadas. De ellas se espera que sean guapas, amables y agradables, no genios, no científicas. Pero no quiero centrar este artículo en la menor detección de altas capacidades en las niñas, algo real y achacable a causas sociales, todos los niños lo sufren en cierta medida.

Primero, solo se detecta a una minoría. Segundo, muchas veces sus maestros y orientadores parecen perdidos, rechazan de primeras una evaluación, especialmente si los resultados académicos no son brillantes, haciendo pasar verdaderos calvarios a esos niños y sus familias. Y tercero, las medidas de apoyo educativo suelen ser bastante deficitarias y poco motivantes para ellos.

Los niños de altas capacidades y, en general, las personas de altas capacidades, necesitan poder aprender y desarrollar su capacidad en un entorno adecuado. Ese entorno educativo no es, con pocas excepciones, el que ofrece un sistema escolar repetitivo, que premia la memorización, que aumenta el estrés y la competitividad, que no fomenta el talento o el deseo de saber autónomo. Además, muchas veces las personas de Altas Capacidades tienen una gran delicadeza de sentimientos, son sensibles, y el machaque del sistema unido a lo habitual del acoso contra los “empollones” o “sabiondos”, el rechazo al conocimiento, les provoca ansiedad y problemas de autoestima. El resultado es este: muchos, muchos, muchos, de los niños con Altas Capacidades, tienen fracaso escolar. Tiramos su talento y su fuerza interior a la basura. Desperdiciamos sus mentes brillantes. Y nos condenamos a seguir siendo un país paleto, pobre, sin criterio y sin futuro.

Las personas de Altas Capacidades y, especialmente los niños, no solo son rápidos en el aprendizaje y en la resolución de problemas con respuestas innovadoras, también presentan otras características: intensidad emocional e hipersensibilidad sensorial. Muchos niños problemáticos, considerados hiperactivos o señalados como difíciles, son niños aburridos y hartos, pero con altas capacidades sin detectar, lo que les hace vivir con sufrimiento y no entender qué les hace diferentes.

Porque sí, los niños y los adultos de Altas Capacidades se sienten diferentes en su manera de entender las relaciones y los procesos de pensamiento. Pero como cualquier ser humano ansían ser amados y aceptados, sin tener que esconderse en un armario.  Ninguno pediríamos que alguien esconda su sexualidad, pero seguimos penalizando la inteligencia. Así que el camino elegido para ser aceptados puede ser muy variado: depresión, huida hacia dentro, sentirse inadecuado, desarrollar comportamientos hostiles o sencillamente, tratar de disimular y hacerse invisible tratando de parecer “normal”, como si no fuera normal ser como es él.

Las minorías no son aceptadas. Lo diferente es rechazado. El amar la cultura o el conocimiento es raro, de frikis, de perdedores. Hay que “ser normal”. Y eso en la escuela, y en la vida, supone que quien sale del armario se juegue el sufrir acoso, insultos y desprecios. Y más, si cabe, si es una mujer, tenía que decirlo. Y si es en el colegio, se convierte en una víctima de burlas y bullying si los adultos no saben remediarlo.

Mireia Long

 

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Felicidad y altas capacidades

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Las familias que tienen hijos ya detectados con Altas Capacidades y que tiene una larga trayectoria en el sistema escolar terminan convirtiéndose en grandes expertos sobre las teorías, métodos y modelos que ofrece la investigación actualmente sobre esta cuestión pero la llegada a este mundo se produce muchas veces desde el desconocimiento y una cierta preocupación. Nos da miedo que nuestros hijos sufran o que no podamos darles lo que necesitan para desarrollarse plenamente. Y quiero tranquilizaros. Las Altas Capacidades existen y pueden ser fuente de enorme felicidad, placer y, sin duda, con el apoyo y el acompañamiento necesario, pueden ser la base de una vida satisfactoria en la que esos dones se conviertan en talentos y búsqueda de la excelencia (no me refiero a la puramente académica).

Realmente las altas capacidades y el desarrollo del talento son uno de los campos que más investigaciones están aunando en la actualidad. Podéis leer sobre ello en numerosos libros, documentos y revistas especializadas, sin embargo no quiero hablar de erudición o conocimiento profundo de los campos de trabajo de los expertos. Vamos a lo que más os preocupa.

¿Existe un esfuerzo investigativo en Altas Capacidades que hace que este concepto pueda verse desde diferentes perspectivas? Por supuesto que sí. ¿Existen modelos que hacen considerar superado el identificar altas capacidades con un CI determinado? Por supuesto que sí. ¿Existen intentos para que el sistema educativo se adapte a las necesidades de los niños con Altas Capacidades? Ciertamente. ¿Hay que conseguir que mejore la actual detección tan deficitaria? De eso no cabe ninguna duda.  Sin embargo la realidad es esta: sigue habiendo un número mínimo de niños de Altas Capacidades detectados y un número mínimo de adultos que sepan que las tienen. Hay una gran ignorancia en la sociedad y a veces incluso entre los educadores sobre cómo detectar unas posibles Altas Capacidades, sobre cómo ver en un niño la posibilidad de que las tenga y cómo conseguir ayudarle para que esas dotes se desarrollen y se concreten y tengan fruto. Pero además es que incluso si todas las variables anteriores se dan sucede que el tipo de medidas de apoyo que se les ofrece no suelen ser demasiado imaginativas ni creativas por falta de formación específica de los docentes o, sobre todo, por falta de presupuesto y dotación humana de apoyo complementario.

Puesto que sé que este tema nos va a ocupar más de una semana vamos a poder ir viendo cada aspecto de forma más pormenorizada así que hoy me centraré en explicaros cómo podemos los padres hacer una primera detección de un posible caso de Altas Capacidades en la primera infancia.

Generalmente son los padres los primeros que se dan cuenta de que hay algo diferente en el niño, especialmente si han estado antes en contacto con niños o si tienen más hijos. Rara vez, al menos esta es mi experiencia, van desencaminados y siempre, en mi opinión, los profesionales deben escucharlos y atender su inquietud o sus preguntas. Puede ser el primer paso para una llamada de atención y, a partir de ahí, dar paso a los profesionales de la psicología especializados que son quienes, en realidad, tienen las herramientas, experiencia y test para determinar cada caso particular.

Os quiero contar que, además, en muchas ocasiones, si alguno de los padres, especialmente la madre tiene Altas Capacidades alguno de sus hijos las presentará. Aunque lo que sucede más frecuentemente es que después de darse cuenta de que el niño tiene características especiales y se produce una detección efectiva, los padres empiezan a atar cabos y a reconocer cosas de su infancia, y si llegan ellos hacer pruebas es posible que alguno de ellos tenga también Altas Capacidades sin haberlo sabido nunca. Y entienden mejor muchas cosas sobre ellos mismos y sobre su infancia.

Una de las cosas más emocionantes que me ha pasado en mi trabajo fue hablar con una madre que me contaba que no se sentía preparada para acompañar el aprendizaje de sus hijos y que por eso había acudido a los cursos de la Pedagogía Blanca. Consideraba que como no había tenido  la oportunidad de terminar los estudios, había tenido muchos problemas en la escuela y de aprendizaje y no había estudiado, no tenía los conocimientos y habilidades necesarias y eso le preocupaba. Desde luego no era una ignorante pero su trayectoria escolar y personal, y el que  siempre se piense que una mujer muy bella (es modelo y actriz profesional) no es inteligente, tenía dudas.

Entonces empezó a contarme cosas sobre su hija. Una niña precoz y brillante con muchas posibilidades de tener AACC, y al empezar a contar como ella había pasado su infancia y su juventud, como había salido del lugar donde creció y había vivido por todo el mundo teniendo una carrera exitosa como modelo y actriz, sus problemas de aprendizaje… realmente cuando hablabas con ella te dabas cuenta de que era una mujer de intelecto certero, reflexiva, intuitiva, autónoma y con una gran capacidad de recopilar y analizar datos. Era muy inteligente y muy sabia, con una gran humildad y un enorme potencial.

_ “Posiblemente debamos acudir a un especialista para determinar si tu hija tiene Altas Capacidades son que creo que podrías investigar si tú también lo eres.”

Cuando ella era niña no supieron acompañarla, ni descubrirla, no pudo desarrollar todas sus capacidades y desconocía sus talentos, había desarrollado hasta problemas de aprendizaje y esto llegó a afectarle emocionalmente.  Así que el propio descubrimiento de sus hijos le permitió comenzar una nueva manera de verse, trabajar, reconstruirse y sacar todo el enorme potencial que llevaba dentro y que hoy aplica a un proyecto personal de gran valor.

 

Mireia Long

 

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Me gusta, no me gusta…

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Todos queremos que nuestros hijos sean felices, esa es una premisa incuestionable. Y, además, que sean los mejores en todo y, si puede ser, superdotados, guapos, bien vestidos, educados… Por suerte, no siempre es así. Habemos de todo.

Algunos niños sacan muy buenas notas en el colegio, a veces ante nuestra amenaza de “no comprarles…, dejarles sin…”y lo terminan consiguiendo aunque lo odien.

Estoy convencida de que éste no es un buen método. No, no lo es. Que un niño tenga altas capacidades no quiere decir que vaya a sacar las mejores notas del colegio, aunque algunos lo hacen. A un niño de AACC le apasiona aprender pero no le gusta nada estudiar.

Si dejásemos a su libre albedrío a un niño AACC nos sorprendería. Seguramente, en la etapa de la adolescencia, elegiría disciplinas y formas de vestir que no encajan con la imagen que los padres perfeccionistas esperan de ellos, pero que les ayuda a buscar su identidad como individuo y a descubrir sus verdaderas pasiones gracias al ejercicio ensayo-error.

Es muy interesante que descubran sus puntos fuertes y sus puntos frágiles, acompañados por nosotros, por supuesto, pero sin juicios. Si les damos buenos consejos y les hemos acompañado desde que nacieron, sabrán elegir bien.

Tenemos que facilitarles que su imagen personal lo sea, que escuchen la música que les atraiga y que participen en las actividades extraescolares que ellos elijan, aunque cambien cual veleta, que es otra de sus características.

Se desarrollarán como personas sanas, consecuentes y eso es muy importante porque, en contra de lo que la sociedad cree (por lo que demuestra) que una persona, sobre todo con AACC, desarrolle su pasión y se focalice en lo que mejor se le da es bueno para todos, es bueno para el Mundo porque aportará y, lo más importante, es bueno para ella.

El círculo de Lola

Sin descanso no hay aprendizaje

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Cualquier persona necesita descansar. Y no me refiero al sueño, sino a los períodos de contemplación o de reflexión que solemos tener todos – seamos niños o adultos – casi diariamente si tenemos tiempo.

Pues bien, los niños necesitan tiempo para la reflexión, sea sobre las actividades que han tenido, sea sobre los estudios o los libros que leen, o antes o después de realizarlas. Así que, cuánto más ocupados están los niños, menos aprenden en realidad.

En general, la cantidad de tiempo requerida para procesar lo aprendido, así como la percepción de la experiencia educativa, varía en función de cada persona y de la actividad en sí. A lo mejor después de una hora de trabajo/estudio necesitamos otra hora para procesar y asimilar el recuerdo de las informaciones. O quizá, si la actividad ha sido muy intensa o representa algo nuevo, podemos necesitar más horas o días para integrarla del todo en nuestra memoria.

El ejemplo que tengo más a mano es el de mi hija. Estudia canto y tiene que aprender canciones. Suele pasar a lo mejor varios días estudiando una canción para memorizarla, fijarse en la postura del cuerpo, la voz, la técnica, e intentar unificar todos los factores para que el resultado sea equilibrado. Pero en realidad es sólo después de dejar de cantar y estudiar cuando la canción se asienta en su memoria, de tal forma que, después de unas semanas en las que ni se ha acordado de ella, al retomarla, la melodía parece otra, mucho más armoniosa, más fuerte y segura y, lo que es más interesante, más “suya”. De hecho, se suele decir en la profesión que, una vez pasado un período de tiempo de descanso y de ni acordarse de la pieza estudiada, “has hecho tuya la canción” porque está más asentada y asimilada.

O como cuando comemos y luego necesitamos un tiempo para la digestión. Evidentemente, cuánto más comemos y más platos mezclamos, más tiempo hace falta para digerir.

Otro ejemplo es el de los viajes, sobre todo los turísticos culturales. Nos pasamos días en una ciudad que no conocemos, corremos de un monumento a otro, de un sitio a otro, probamos comidas nuevas, conocemos personas diferentes, oímos lenguas desconocidas y aprendemos nuevas palabras, y acumulamos nuevos recuerdos, uno tras otro, unos encima de otros – y es como si llenáramos una maleta con un montón de objetos y la tenemos cerrada varias semanas o meses hasta que, por fin, encontramos un espacio donde la podemos abrir y sacar fuera todo y ordenarlo por categorías, en armarios, sillas, mesas, estanterías. Este espacio donde vaciamos la maleta y ordenamos las cosas para usarlas o admirarlas, en el aprendizaje corresponde al descanso para la reflexión y contemplación. Sin este período no hay aprendizaje.

Es contraproducente llenarles los horarios a los niños y programarles actividades, sobre todo si encima no han sido solicitadas. Hay que respetar sus preferencias y sus gustos en cuanto a las actividades y, en cualquier caso, dejarle tiempo de descanso después. Sólo así podremos apoyar de verdad el aprendizaje sano, creativo y duradero, y ayudaremos a potenciar sus talentos y habilidades.

Sorina Oprean

Señales que nos alertan a los padres de las altas capacidades

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Muchas veces son los padres los primeros en detectar que su hijo tiene habilidades especiales o un desarrollo cognitivo más avanzado que otros bebés. En realidad, hasta los seis años sería prematura una identificación cierta, aunque, mediante baterías de desarrollo, los especialistas ya son capaces de poner atención en niños de tres años. Pero, ¿a qué señales debemos estar atentos los padres?

Muchos niños de Altas Capacidades son precoces en su desarrollo, sin embargo hay que señalar que no todos los niños precoces serán luego detectados como de Altas Capacidades y no todos los niños de Altas Capacidades han tenido un desarrollo precoz.  Aclarado esto, sí es cierto que, en la mayoría de los casos, se pueden señalar algunas características desde muy temprana edad.

Son niños que tienen avances en su desarrollo cognitivo adelantados a su edad, algunas veces desde bebés. Podemos encontrar que los padres cuentan que sostenía la cabeza y miraba su entorno casi desde el primer día de vida.  Algunos se mantienen de pie a los 6 meses si a los 9 meses ya caminan, saltándose la fase del gateo. Muchos comienzan a hablar muy pronto, hacia los 8 meses dicen palabras claramente y pueden decir frases hacia el año, saltándose la fase del balbuceo.  Algunos, de manera paulatina y otros de forma repentina, a los dos años hablan de forma clara, con frases muy elaboradas que expresan tiempos verbales correctos y pensamientos complejos.

Os cuento mi experiencia. Mi madre cuenta siempre que, cuando se puso de parto de mi hermano, teniendo yo ni 10 meses, ella despertó a mi padre para decirle que tenían que irse al hospital y yo me levanté, me puse de pie en la cuna y pregunté: ¿va a nacer ya mi hermano?. Tengo fotos con seis meses, agarrando un muslo de pollo comiéndolo a mordiscos y ella cuenta que con seis meses decía muchas palabras y me ponía de pie, caminando a los siete agarrada a los muebles. A los siete recuerdan donde has escondido algo y saben que algo que tapas está detrás de, por ejemplo, un trapo y poco después que el interruptor sirve para dar la luz o que ellos son su reflejo en el espejo.

Mi hijo es el caso diferente. Hasta los dos años apenas hablaba. Y un día, sin previo aviso, empezó a hablar correctamente, sin fallos de dicción y usando verbos en pasado y futuro y frases enlazadas. Hacia el año y medio conocen muchos colores, hasta diferenciar, por ejemplo, el rosa del lila y otras situaciones que nos indican que han asimilado el pasado y el futuro o el concepto de yo.

Hacia los dos años pueden mantener una conversación y reconocer letras y números sabiendo lo que significa esa representación. Y el avance sigue, para encontrarnos que con tres años tienen un vocabulario extenso y preguntan el significado de palabras que no conocen.  En ese año nos asombran memorizando matrículas, comprendiendo los carteles de tráfico, haciendo puzles para niños de seis años, entienden la suma y la resta y comienzan a leer sin ayuda, solo preguntándonos. Recuerdo que mi hijo a esa edad deletreaba perfectamente el nombre de sus amigos sin tenerlo escrito delante.

Tienen una gran memoria y además un pensamiento altamente complejo, suelen ser niños muy activos a interesados que todo el rato quieren hablar y nos preguntan cosas que nos asombran. Duermen poco, muy poco algunos, y son muy demandantes de atención verbal y emocional, más que necesariamente físicamente activos, que también suele pasar. Los padres se pueden sentir agotados porque exigen mucha atención, sobre todo alerta mental. Entran en la fase de las preguntas y los porqués en cuanto adquieren capacidad para hablar, a los dos años o dos años y medio, y son incansables.

Empezamos a ver en ellos perfeccionismo y  tienen claro lo que está hecho correctamente y lo que no, lo que puede aumentar las rabietas, aunque, por otro lado, con una presencia emocional cercana y si no hay elementos externos que los disturben, podrán superarla mediante el diálogo.

En general, los padres reconocen que el niño adquiere habilidades cognitivas y de lenguaje antes que los demás, pero estas señales no significa que el niño vaya a tener Altas Capacidades, por más que cuantos más signos podamos identificar más posibilidades habrá.

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La vida al lado de una niña con Altas Capacidades

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Un día hablando con una amiga, ésta me comentó que al ser mi hija de Altas Capacidades, todo debía ser mucho más sencillo para mí, que como madre, Adriana “me lo ponía fácil”. Por un lado, esta afirmación tenía toda su lógica, intelectualmente nuestra niña siempre se ha desarrollado sin problemas e hitos que a otros niños les resulta más complejo como aprender a leer, sumar, dibujar, memorizar, la abstracción, etc. los ha pasado a edades muy muy tempranas y casi sin esfuerzo. Sin embargo, en paralelo a este alto potencial intelectual, los niños de Altas Capacidades comprenden, sienten, piensan y viven la vida de una forma muy diferente al resto de criaturas, por lo que para poder desarrollarse de forma óptima, necesitan un acompañamiento emocional, social, intelectual particular, muy intenso (como ellos son) y que requiere un grado máximo de implicación (no sólo por parte de los padres, sino también de maestros, psicólogos, pediatras, etc.).

Vivir al lado de un niño de Altas Capacidades es maravilloso, enriquecedor, cambiante y supone un enorme desafío a diario.

¿Cómo acompañarlos en sus crisis emocionales, en sus disincronías? ¿Cómo lograr que no hiperdesarrollen miedos que les paralicen? ¿Cómo ayudarles cubrir sus requerimientos intelectuales? ¿Cuales son sus necesidades para integrarse en sociedad? ¿Cómo seguir su intensísimo ritmo sin agotarnos? ¿Cómo afrontar nuestros propios frenos y carencias para que no les repercutan de forma negativa? ¿Cómo lograr que otros niños y adultos nos los estigmaticen debido a sus peculiaridades?

Estos y muchos más son los retos a los que nos enfrentamos a diario las Mamás y los Papás que tenemos una hija o un hijo de Altas Capacidades. Un desafío que desde luego.

Elena Mayorga

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Diez falsas creencias sobre la socialización de los niños con altas capacidades

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Descárgate aqui este cartel.

 

 

DIEZ FALSAS CREENCIAS SOBRE LA SOCIALIZACION DE LOS NIÑOS AACC

1.- TODOS LOS NIÑOS CON AACC SON LÍDERES NATURALES

2.- TODOS LOS NIÑOS CON ALTAS CAPACIDADES SON INFELICES

3.- TODOS LOS NIÑOS CON ALTAS CAPACIDADES SERÁN ACOSADOS EN LA ESCUELA

4.- TODOS LOS NIÑOS CON ALTAS CAPACIDADES TIENEN PROBLEMAS PARA HACER AMIGOS

5.- TODOS LOS NIÑOS CON ALTAS CAPACIDADES NECESITAN AMIGOS DE SU MISMA EDAD,

6.- TODOS LOS NIÑOS CON ALTAS CAPACIDADES SE RELACIONAN SOLO CON ADULTOS O NIÑOS MAYORES

7.- TODOS LOS NIÑOS CON ALTAS CAPACIDADES SON TÍMIDOS

8.- TODOS LOS NIÑOS CON ALTAS CAPACIDADES SON TORPES FÍSICAMENTE

9.- TODOS LOS NIÑOS CON ALTAS CAPACIDADES TIENEN FRACASO ESCOLAR.

10- TODOS LOS NIÑOS DE ALTAS CAPACIDADES TRIUNFAN EN LA ESCUELA.

 

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